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Jóvenes inversores en la sociedad del cortoplacismo.

  • Foto del escritor: Miguel Bernal
    Miguel Bernal
  • 18 feb 2020
  • 7 min de lectura

Actualizado: 31 may 2020

Es más que habitual ver que en los tiempos que corren, que el español medio se endeude para irse de vacaciones o comprarse el último modelo de alguna firma exclusiva de automoción. Satisfacemos un capricho (que no necesidad) que nos proporciona una felicidad en un tiempo cercano y no muy duradera en el tiempo, por no hablar de su utilidad/rentabilidad en el medio y largo plazo.

Es cierto que, a todos, especialmente el segmento más joven de la población española, soñamos alguna vez con pasar una quincena de días por las Islas Maldivas, conducir un Cadillac o adquirir un yate para surcar las aguas del Mediterráneo en pleno mes de agosto. Sin embargo, todo este tipo de acciones, altamente demandadas y/o deseadas por una amplia mayoría de la población, son efímeras y apenas nos aportan nada más que unas horas de felicidad, y eso sí, un gran pasivo en nuestra cuenta corriente. Destinamos una importante cantidad de dinero que en horas se consume en forma de felicidad cortoplacista.


Quiero dejar claro que, no digo que esté mal o no sea ético elegir disfrutar de estas acciones, lo que sí, es poco aconsejable que el amplio segmento de rentas en España destine sus escasos ahorros o incluso recurra al endeudamiento, para poder consumar estos caprichos. El impacto del desembolso de un Cadillac en una familia de una renta del quinto decil de la renta no es comparable al que pueda causar en una que se sitúa por encima del 99,9% de las rentas españolas. Esto puede sonar trivial, pero en muchas ocasiones, hasta los más concienciados en sus finanzas familiares obvian: no compres aquello que no te lo puedes permitir. Todos en mayor o menor medida, esclavos de nuestra condición humana, nos dejamos seducir por esa dosis de felicidad efímera, simplemente porque es un feedback que recibimos y al que apenas se tiene que destinar una espera previa para poder satisfacerla. Pero por esa misma condición, tendemos a caer en el círculo vicioso al que aludía la más que recordada frase del actor estadounidense Will Smith: “Gastamos dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para impresionar a gente a la que no le importamos”.


Este tipo de actitud de consumo en ausencia de necesidad y simplemente por el placer instantáneo o por la actitud más apegada en la última década: el postureo. Esta actitud se ha visto acrecentada por la expansión de la conexión a internet a todos los particulares, y, por ende, de las redes sociales en nuestro a día a día. Millones de “stories” de Instagram, estados de WhatsApp o instantáneas de Snapchat son compartidas a diario en la que se encuentra un importante componente de muestra de estatus social en nuestras vidas: La compra del último modelo de las Nike Air, el partido de Champions del Real Madrid desde la primera fila del Santiago Bernabéu, el coche recientemente adquirido de tu hermano y un sinfín de instantáneas que vienen a mostrar como de valioso es nuestro estilo de vida. Ni que decir tiene que, el patrón que más se repite en el perfil del usuario que sube este tipo de fotos, es el de la juventud: personas entre 16 y 30 años.


Este artículo va especialmente dedicado a este segmento de la población en el que se encuentra un servidor. Probablemente después de leer este artículo, si es que alguien ha llegado a este punto, siga con su estilo de vida y de finanzas personales como lo había llevado hasta ahora: poco ahorro mensual, compra de productos innecesarios y desconocimiento absoluto de los vehículos de inversión que existen. Pero el simple hecho de que un solo lector ahorre un euro más, se piense dos veces si de verdad le es rentable comprarse una camiseta con el estampado de la firma Gucci o piense primero en comprar un coche de segunda mano antes que optar por uno a estreno, me daré por satisfecho con la elaboración de este artículo.


Sin más dilación, me dispondré a enumerar y explicar qué tipo de acciones como jóvenes podemos emprender para cambiar nuestro estado actual de nuestras finanzas y poder labrarnos un futuro estable. Me gustaría empezar diciendo que si hoy en día confía que la pensión pública que recibirá por parte del Estado será digna, déjeme decirle estimado lector, que no será así. Con esto no quiero decir que la pensión a recibir será de 0€, sino que echando mano a datos demográficos y al balance de la Seguridad Social española, el sistema de pensiones público se verá abocado al aumento de impuestos por el lado de la renta de la población activa (de todos los segmentos de renta) de forma masiva y al recorte de la pensión media de los futuros pensionistas de nuestro país, en el que obviamente nos encontramos nosotros, los jóvenes. De una forma u otra se nos extraerá una renta y que, debido a la estructura piramidal del sistema, esta merma en la renta será cada vez mayor.


El problema que se nos presenta a priori es cuanto menos aterrador. Y no es para menos, a nadie nos gustaría vivir los últimos años de nuestras vidas sumidas en la miseria. Aunque déjeme decirles, que hoy y en esta misma hora que está leyendo este artículo, usted está habilitado para redirigir su futura pensión y por tanto la posibilidad a optar a una vida digna en unos años.

Simplemente debe emprender una serie de acciones con tal de cambiar algunos hábitos y empezar unos nuevos que, en largo plazo, se verán recompensados. Puede sonar muy demagogo que ahorren mucho más de lo que hacen hasta el momento, viendo el salario medio que suelen adquirir los jóvenes en España. Sin embargo, me han de reconocer que ciertos gastos en los que incurrimos anual o mensualmente no son necesarios para cubrir unos estándares de vida: comprar unas zapatillas de 40€ en vez de 80€, gastar más de 20 y 30€ cada fin de semana en fiestas o ir al cine cada viernes de estrenos. Son gastos que, en términos absolutos y de valor presente, pueden parecer insignificantes en relación con el valor esperado en una pensión futura, pero que una recursión en el ahorro de este tipo de gastos puede desembocar a la acumulación de un amasijo importante de dinero. Dinero que más tarde, puede invertir en activos financieros, con el fin de que ese dinero no se vea mermado por la inflación y nos proporcione una alta rentabilidad en el largo plazo.


Cuando nos sumergimos en el mundo de los activos financieros, encontramos todo tipo de instrumentos de inversión y en los que deberemos estar informados al menos de su funcionamiento y al riesgo que se expone usted como inversor. El análisis en detalle de cada activo nos podría dar para un artículo para cada uno de ellos. Sin entrar en ese tipo disección pormenorizada, me gustaría empezar diciendo que por lo general la oferta de planes de pensiones ofertados en España es muy pobre por el lado de rentabilidad dada por estos mismos. A la hora de escoger este tipo activos, hemos de ser muy selectivos. Desde mi humilde experiencia y haciendo estudio de los datos ofrecidos por el lado del histórico de los propios planes, puede aconsejar siempre optar por aquellos donde la renta variable y en concreto la mundial y la americana tienen un importante peso dentro de la cartera.


Otro activo, muy popular y a la vez controvertido en España es el inmobiliario. Tradicionalmente, a los españoles nos ha gustado invertir en activos con un respaldo físico y tangible como es un inmueble. Además que, por el lado de las rentabilidades, siempre ofrece unos retornos muy decentes y estables a lo largo del tiempo. Sin embargo, hemos de ser cuidadosos con las características inherentes al propio inmueble (localización, dimensiones, materiales de construcción…). Otro factor para tener en cuenta, y en concreto en España tenemos buena cuenta de ello, es que es un sector muy susceptible al burbujismo. Debemos tener cuidado en qué fase del ciclo económico nos encontramos y si actualmente el precio de mercado del propio activo está sobrevalorado, eso sí, siempre desde nuestra concepción valorativa como pequeños inversores.


Para finalizar, y aunque me dejo una serie de activos financieros sin exponer como son las materias primas, las criptomonedas, los futuros, las divisas o el capital riesgo en Startups, tenemos al instrumento que considero más idóneo para la inversión a largo plazo con aportaciones continuas: los ETF (Exchanged Traded Fund por sus siglas en inglés o Fondo cotizado en Bolsa) es un fondo innovador, que puede comprarse o venderse de la misma forma que una acción de una empresa en el mercado de valores. Este tipo de fondos permiten que, con una aportación pequeña de capital, podamos invertir en una cartera ponderada de acciones, bonos emitidos por países, materias primas o incluso inmuebles. Por otro lado, son los que suelen tener una comisión anualizada menor que el resto de los activos financieros, y que, por tanto, sea tremendamente beneficioso en el largo plazo. También al estar compuestos por distintos y numerosos tipos de activos, conseguimos una diversificación de nuestro ahorro lo que permite una reducción del riesgo a perder nuestro capital invertido. La mayoría de estos ETF asociados a la renta americana o global pueden llegar a rendir una media de 8% o incluso siendo bastante selectivos un 12%, descontando comisiones e inflación. El mayor inconveniente de estos activos son la volatilidad. Sin embargo, la diversa oferta de estos instrumentos permite adaptar un tipo de ETF a cada perfil de riesgo del inversor (conservador, moderado o arriesgado) controlando así la volatilidad al que el inversor está expuesto. Aunque también hay que mencionar que, por norma general, una menor volatilidad suele implicar una menor potencial rentabilidad.


Como conclusión, animo a todos los jóvenes (y no tan jóvenes) a decidirse por invertir pensando en su futura pensión. Es más que evidente que el sistema público sufrirá recortes, y que, por tanto, repercutirá en nuestra calidad de vida en un futuro. A priori nos puede parecer muy lejano y sin importancia inmediata, pero que sus consecuencias pueden llegar a ser devastadoras en una sociedad sumergida en una tendencia cada vez más cortoplacista e infectado por el virus más contagioso en las sociedades más desarrolladas del siglo XXI: el postureo efímero. Una sociedad próspera y sana financieramente hablando, se basa en una sociedad de pequeños inversores concienciados en su ahorro personal, para posteriormente dedicarlo a aquellos caprichos habiendo previamente acumulado capital y teniendo un colchón financiero bien asentado para cubrir cualquier imprevisto que se nos pueda presentar. Dejemos de gastar para parecer ricos y empecemos a invertir para realmente serlo.


Miguel Bernal 18/02/2020

 
 
 

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