La bolsa de valores no es una casa de apuestas
- Miguel Bernal

- 26 abr 2020
- 5 min de lectura
Actualizado: 31 may 2020
No es extraño escuchar desde voces poco conocedoras del mundo de la inversión, que la bolsa de valores (renta variable, si somos algo más técnicos) viene a ser algo así como un local de apuestas en el que, en vez de jugarse con ruletas o predicciones en eventos deportivos, se juega a través de acciones de empresas o lotes de materias primas. Todos ellos pensando que una vez que depositamos nuestro dinero al bróker de turno, nuestro dinero automáticamente depende del azar.
Para descontento de los vendehúmos de la suerte, la bolsa de valores no es un sistema dependiente únicamente del factor aleatorio. Es cierto que, hay ciertos eventos que pueden depender del más puro azar, pero si somos rigurosos con nuestra estrategia de inversión, podemos llegar a minimizar a la menor expresión posible esta variable tan característica de las casas de apuestas.
Primeramente, debemos analizar cuáles son los actores que determinarán el retorno de nuestro capital inicial. Por el lado de las apuestas, vemos como dependen mayoritariamente de los actores involucrados en el suceso: en el futbol, 24 personas (si tomamos en cuenta las decisiones del entrenador de cada equipo); en el tenis, 2 personas; en el pádel, 4; en las carreras de galgos, entre 2 y 8 animales; en la ruleta, dos objetos inertes: ruleta y bola. Por el lado de la bolsa, es una cantidad inmensa de inversores, compradores y vendedores, que debido a diversos factores se deciden por adoptar una de estas dos posiciones durante el tiempo que ellos mismos deciden (hablaré respecto a este factor a continuación). Los motivos que hay detrás de cada inversión son muy variopintos y con un horizonte temporal de lo más diverso. Los motivos más comunes son los basados en un análisis fundamental del activo financiero en cuestión: oferta, demanda, previsiones de crecimiento, tendencia de los resultados contables, proyectos abiertos, expansión de una empresa a economías extranjeras, endeudamiento excesivo, potencial sustitutivo a un producto que sustenta los ingresos de una determinada empresa (alto riesgo de quiebra)
Otro factor para tener en cuenta es el que ha acompañado a las ciencias naturales y sociales desde su existencia -el tiempo-. Como todos sabemos, cuando nosotros nos encontramos enfrente de la ruleta debemos escoger previamente a lo que creemos que puede suceder en el inminente lanzamiento de bola. Nuestra apuesta tiene vigencia única y exclusivamente, durante un tiempo determinado: el tiempo que transcurre desde que confirmamos nuestra apuesta, hasta que la bola se posiciona en el hoyo asociado a un número y color. El mismo símil ocurre en las apuestas deportivas: fútbol, baloncesto, carreras de caballos, deportes electrónicos… Todos estos eventos tienen un periodo de vigencia de la apuesta, en el que nosotros como apostantes (que no inversores) no somos dueños de cuando retirar nuestra inversión o recoger nuestras ganancias. Esto únicamente sucede una vez finalizado el evento sobre el que se ha apostado: un partido, una tirada, una jornada o incluso un campeonato. Por el lado de la renta variable, nosotros ahora sí, -inversores- somos dueños y soberanos de cuándo cerrar nuestras posiciones, quitando situaciones muy excepcionales (intervención del gobierno). Nosotros podemos decidir cuanto estamos dispuestos a ganar o cuánto perder. Habrá ocasiones en las que nuestra cartera esté en números rojos durante todo un año y, en cuestión de un mes, puede llegar a tener una rentabilidad positiva. O a la inversa: tener una rentabilidad considerable a las pocas semanas de depositar la inversión y, por ser demasiados agresivos con nuestras expectativas de beneficios, perder esa rentabilidad bursátil. Todo depende de nuestro perfil de inversión, las decisiones tomadas en base a criterios, y, en definitiva, con la filosofía de inversión en la que cada uno se sienta más cómodo.
Por último, y de hecho el más importante, es el factor del beneficio social y el crecimiento económico. Está más que demostrado con más de 100 años que lo avalan que, cuando al mercado bursátil le va bien, a las empresas le va bien, se reduce el paro, aumentan los salarios, se reduce el umbral de pobreza y la calidad de vida de toda una sociedad aumenta. Al invertir en empresas, conseguimos que estas se capitalicen. Al capitalizar una empresa, lo que conseguimos es darle herramientas para que genere valor de forma directa (los bienes y servicios que proporciona) y de manera indirecta: aumento de plantilla y por tanto, menor desempleo; aumento de salarios y formación de trabajadores; mejores infraestructuras para aumentar la productividad; internacionalización de los negocios para hacer llegar bienes a zonas donde hasta el momento no disponían de estos; rentas a los pequeños inversores mediante el pago de dividendos… Así un sinfín de beneficios que nos aportan los mercados financieros al conjunto de la sociedad que, a diferencia de una casa de apuestas, el beneficio es siempre para la propia casa de apuestas en el largo plazo, y que, en el corto plazo, es el apostante el único que se beneficia económicamente. Sin embargo, este beneficio personalista puede desembocar en una irrevocable ludopatía y ansiedad y, por tanto, dista de ser algo psicológicamente sano para el propio individuo y para toda una sociedad. Otro beneficio que no me gustaría dejarme sin exponer, es la relación que se establece con el ecologismo. Gracias a tener un mercado globalizado y bursátil, al que están sometidas la mayoría de las materias primas, se pueden regular el precio de estas por los mecanismos de precios regidos por la oferta y demanda. De esta manera conseguimos asignar correctamente los recursos y racionalizarlos correctamente para que no se produzca escasez o la completa extinción de estos. De hecho, actualmente existen los contratos de emisión de CO2 en los que su precio de cotización en los últimos 4 años se ha incrementado un 350%, lo que quiere decir que contaminar hoy en día es casi 5 veces más caro. Por tanto, esto contribuye a la descarbonización de la economía y una tendencia hacia energías más limpias.
En definitiva, como hemos visto, no tiene el más mínimo sentido comparar el mercado bursátil con la casa de apuestas ya no solo por la ciencia que esconde detrás de los resultados a la hora de obtener beneficios, si no por la repercusión que nuestras inversiones tienen en la sociedad que nos rodea. Por el lado de las apuestas solo desemboca en un beneficio económico que suele ser cortoplacista, ya que el único ganador a largo plazo es la compañía que hace de plataforma de apuestas y, el perdedor, siempre es el apostante exponiéndose a una potencial ludopatía. Mientras que, por el lado del mercado de valores (alejados de los productos derivados y otros instrumentos financieros complejos), el retorno de beneficio que proporciona no es solo más seguro en el largo plazo, si no que el benefactor social y medioambiental, es otra razón por la cual la bolsa es una herramienta fundamental para la prosperidad y el progreso como sociedad.
Miguel Bernal.




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